La Kabbalah
La Kabbalah nos descubre un saber milenario el cual hace unos años se nos ha vuelto a mostrar en toda su grandeza y complejidad. Un saber que nos acerca al encuentro con nuestra esencia más profunda conectada al Gran Espíritu, como decían las tribus indígenas.
En ese caminar por la vida, en diferentes épocas y diferentes encarnaciones, vamos incorporando saber y sutilizando nuestra energía como almas encarnadas. En ese camino del héroe, en ese camino de retorno a lo que verdaderamente somos.
Y en ese camino se abren muchas preguntas; algunas del tipo…
- ¿Por qué me ha tocado a mí esta madre o este padre?
- ¿Por qué siempre estoy atascada en el mismo punto?
- ¿Por qué se me repiten las mismas situaciones que me tocan las heridas?
- ¿Por qué no me siento suficiente…?
Podríamos seguir con infinidad de preguntas que estoy segura te has hecho un montón de veces, sin llegar a obtener una respuesta medianamente convincente.
Antes de nacer nos planteamos una serie de aprendizajes para esta encarnación, que tienen que ver con aquello que no hemos resuelto en las anteriores vidas. Y para plantear ese trabajo acordamos y hacemos pactos con nuestra familia de luz, sobre: en qué formato vendremos, qué hará cada uno por el otro, cuánto de difícil nos lo pondremos para ayudarnos a trabajar alguna de las tareas… puesto que normalmente aquellos que más difícil nos lo ponen, son con las almas que traemos los principales pactos.
La Kabbalah se podría decir que es la puerta de entrada a nuestro mundo espiritual, el cual hoy en día muchas personas sienten tan alejado. En una vida desconectada, pragmática y racionalizada, hasta el punto de creernos que somos nuestra profesión, el coche o la casa que ostentamos, o los ceros que se reflejan en nuestra cuenta bancaria. Quizás nadie nos dijo que una cosa es lo que hacemos, y otra cosa muy diferente es lo que SOMOS con mayúsculas, lo que somos como seres o almas. Una misión profunda que la mayoría de la Humanidad ha olvidado en este correr hacia ninguna parte. En donde lo único que cuenta es todo lo que tengo, porque si no tengo no soy nadie.
En lo que respecta al mundo emocional, la Sociedad ha olvidado lo que significa dar lugar al sentir. Hay un movimiento desde la mente, esa mente racional que todo lo explica, todo lo interpreta y todo lo etiqueta… Y qué pasaría si te dejas sentir por un momento, si empiezas a atender a tu cuerpo en donde pasan un montón de cosas que apenas si percibes, un cuerpo que clama a gritos ser atendido, el cual va lanzando mensajes en forma de síntomas. En el fondo, es el alma que clama por ser escuchada, por volver a esa conexión. Por volver a indicarnos cuál es el camino genuino del que nos desviamos hace mucho tiempo.
Me gustaría hacer aquí una alegoría de nuestro ser, en donde el coche de caballos es nuestro cuerpo, la mente es el conductor del coche, los caballos son las emociones y el señor que va dentro es el alma que conoce el camino, que sabe cuál es la misión profunda del conjunto.
El señor del carruaje se esmera en decirle al cochero hacía dónde quiere ir, pero el cochero va a lo suyo, enfrascado en sus pensamientos, sin atender a quién verdaderamente sabe hacía dónde… Y los caballos que son muy intuitivos perciben que algo no va bien, por lo que se mueven nerviosos sin mucho control.
Esto podría ser perfectamente el caminar de muchas personas por la vida, enfrascadas en pensamientos superficiales, que solo les llevan a un moverse sin rumbo concreto, llenos de insatisfacción porque se sienten vacíos y desconectados de lo que un día pactaron en el otro lado.
El árbol de la Kabbalah con sus diez dimensiones o Sefirot, pretenden ser ese mapa de ruta por el cual nos vamos moviendo sin ser conscientes, por lo que el camino se hace más tedioso y largo.
Por ejemplo, Malkuth situado en la base del árbol, nos habla del trabajo que tenemos para superar la materia. Una materia que ha de servir justamente para nuestro desarrollo espiritual, para trascenderla. En cambio, ¿qué pasa cuando nos aferramos a la materia como si fuera lo único que hay? Entonces surgen los apegos que todos conocemos.
Yesod nos hablaría de ese ego-personalidad, de ese personaje que nos hemos creído que somos, con el que desplegamos nuestra vida, absolutamente engañados e inmersos en nuestro personaje. Y entre tanto el alma trata de ponerse en contacto con el personaje, pero éste no escucha, está a lo suyo, en el juego de la vida.
Si hablamos de Tipheret, esta Sefirah nos está hablando de nuestro valor como almas, de la gran neurosis universal, como es la falta de autoestima. Vamos por la vida dejando que otros nos pongan un valor, cuando somos nosotros mismos los que deberíamos conocer nuestro valor. Por tanto, esta Sefirah nos hablará del trabajo que tenemos respecto de la auto estima, del auto reconocimiento, de nuestra verdadera identidad.
Por último, me gustaría hablar de Keter, esa llama de luz que todos llevamos, que todo lo contiene y todo lo conforma, ese gran Espíritu, el Uno, la Fuente, y tanto otros nombres que se ha dado a la vibración del vacío en la que todos y todas estamos incluídos. Keter nos da la oportunidad de volver a confiar en la vida, de volver a religarnos o reconectarnos con nuestra esencia. En caso contrario, nos encontramos con vidas desconectadas, desconfiando de AQUELLO más grande en donde se produce la magia de la perfección, por lo que vivimos con múltiples miedos pensando que la vida es peligrosa y compitiendo para ver quién es el mejor o quién consigue más logros; logros por otro lado efímeros y pasajeros.
El mapa de tu Kabbalah
Cuando tenemos la oportunidad de conocer nuestro mapa de Kabbalah sería similar a poner en marcha el GPS, el cual nos va a indicar el camino a seguir, nos va a dar las paradas necesarias, nos indicará las tareas que tenemos en el camino, además nos informará de todo aquello que ya hemos conseguido. Es entonces cuando a la luz del ser profundo podemos empezar a desplegar nuestra alquimia, nuestros guías empiezan a trabajar a nuestro favor y vamos completando tareas de aprendizaje y parece que la vida, no se sabe cómo, pero nos empieza a sonreír…
En definitiva, podemos vivir la vida como si fuera un camino lleno de piedras y de obstáculos, experimentando emociones de sufrimiento y dolor, o bien, situarnos en un lugar de experiencia, tratando de entender el para qué de todo lo que nos pasa, con la curiosidad de un niño en donde toda experiencia es nueva y por tanto limpia de etiquetas; o bien la curiosidad investigadora de un científico que trata de ver más allá de lo evidente.
Hablo desde la propia experiencia de haber vivido mucho sufrimiento, el cual siento era necesario para ser hoy quién soy, para desplegar mi misión de vida que es ayudar y acompañar de corazón a corazón, de alma a alma. Sabiendo que estamos todos y todas en un camino de experiencia, siendo perfecto todo aquello que se da, sabiendo que soy mi mejor versión escribiendo estas reflexiones, y que en unos meses seré una versión mejorada de mí misma. Porque en cada momento desplegamos lo mejor que sabemos, y si no sale mejor es porque todavía no sabemos o no estamos preparadas para eso que esperamos de nosotras mismas. Es importante ver con cuánta exigencia hacia a fuera e internamente nos movemos, lo cual hace aún más difícil no estar a la altura de lo que se espera de nosotras, o de lo que nosotras mismas esperamos de nosotras mismas.
Esta es la buena noticia, que ya eres un “Ser perfectamente perfecto”, perfecta en esencia, imperfecta en esta encarnación justamente para que tenga sentido el camino a recorrer. Porque si ya lo tuviéramos todo aprendido ¿para qué experimentar en la materia? ¿te lo has preguntado alguna vez?
Me gustaría que este artículo te haga reflexionar un poco acerca de estos temas, que pares un poco esa vida frenética y te dediques tiempo y espacio a cultivar tu interior y a cultivar tu ser para al final descubrir quién verdaderamente eres en esencia.
Porque… recuerda… sé AMOR en acción.
Mari Carmen Pastor – Despierta Tu Camino